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Historias de Pacientes 

Jesús Miramontes

"Después de una cirugía para reparar un agujero en el corazón, mi padre tuvo una segunda oportunidad.” - Griselda Miramontes

Mi padre nació y creció en Cuauhtémoc, Chihuahua, México. Fue uno de nueve hijos. Con medios limitados, su familia careció de toda clase de recursos en más de una ocasión, y cuando era muy joven, aprendió a trabajar para subsistir. Me contó que una vez le pidió al dueño de una carnicería si podía barrer el estacionamiento de su local a cambio de carne fresca para llevar a casa y alimentar a la familia. Durante su niñez, la educación era limitada e incluso no existía la atención médica más básica.

My padre se trasladó a los Estados Unidos en la década de los 70 y en los años 80 se encontraba en Borger, Texas, donde rápidamente aprendió a trabajar en yacimientos de petróleo. Los requisitos agotadores de su empleo lo mantuvieron muy activo y en buen estado físico, y este trabajo se convirtió en su carrera. Nunca padeció de ninguna afección seria y siempre se sentía bien, por lo que no vio la necesidad de tener seguro médico.

Incluso como adulto, nunca fue al médico, nunca recibió una vacuna, nunca se hizo pruebas de laboratorio y nunca tomó un antibiótico. Pero en noviembre de 2016, todo eso cambió.

En la tarde del 29 de noviembre, después de haberse sentido mal por dos semanas, finalmente condujo él mismo a una sala de emergencia. Ya para ese momento se sentía sumamente débil y desvanecido. Había notado la noche anterior que los dedos de las manos y los pies se veían azules, pero quería esperar a ver si eso se le pasaba. Cuando decidió que necesitaba ayuda, sus síntomas eran tan graves que apenas podía caminar.

Al llegar a la sala de emergencia, los únicos estacionamientos disponibles eran demasiado lejos y sentía que no podía caminar desde estos. A medida que se creaban espacios en el estacionamiento, se estacionaba en ellos tratando de acercarse cada vez más a la entrada de emergencia. Estuvo en el estacionamiento más de una hora mientras trataba de adquirir la fortaleza necesaria para caminar y entrar.

Las pruebas de laboratorio indicaron que se encontraba en fallo renal y no tenía pulso en las extremidades inferiores. Se le transportó por ambulancia de un pequeño hospital local a uno más grande en Amarillo, Texas, a unas 50 millas de distancia. Después de varias horas en la sala de emergencia y numerosos exámenes de diagnóstico, un electrocardiograma reveló que tenía un defecto del tabique ventricular, que esencialmente es un agujero en el corazón. También se encontraba en fallo renal a causa de choque cardiogénico.

El médico me dijo que su situación era “devastadora”.

Resultó ser que mi padre había sufrido un ataque cardíaco en algún momento durante las últimas semanas en que se había sentido mal. Debido a que había esperado para obtener ayuda, su situación era grave. Los recursos de tratamiento eran limitados en Amarillo, por lo que fue necesario trasladarlo. El equipo en Baylor University Medical Center at Dallas estaba preparado y listo para recibirlo.

Cuando llegamos al Baylor University Medical Center en la noche del 30 de noviembre, conocimos al Dr. Aldo Rafael, un cirujano cardiotorácico en el personal médico del Baylor University Medical Center at Dallas. Fue el Dr. Rafael quien se convirtió en el “ángel en la tierra” para mi padre. Cuando lo evaluó, decidió junto con el resto del personal médico que una operación mayor sería muy arriesgada.

“Reparar el agujero en el corazón sería como coser la margarina”, comentó el Dr. Rafael.

La mejor opción de tratamiento en ese momento era dejar que el cuerpo reposara con el apoyo necesario para mantenerlo con vida, es decir, intubación y respiración mecánica, junto con muchos medicamentos por suero.

El 5 de diciembre, el Dr. Rafael reparó el defecto del tabique ventricular del corazón con un desgarre que medía 1.5 cm. Durante la cirugía, el personal de Baylor University Medical Center mantuvo informada a mi familia sobre el progreso de mi padre, tranquilizando a los que nos sentíamos nerviosos en espera de información.

Después de una larga operación, nos informaron que pronto lo trasladarían a su habitación en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI). Ya que aún se encontraba recibiendo apoyo de sostenimiento de la vida, estaba intubado y recibía ahora diálisis renal, cada día era una larga espera.

Con el paso de los días, mi padre fue adquiriendo más fortaleza, y se comenzaron a extraer las máquinas y tubos. Después de que se suspendió la sedación y se extubó, descubrimos que también había sufrido un derrame cerebral que afectó su lado izquierdo. Todo en el lado izquierdo de su cuerpo estaba paralizado, desde la cara hacia abajo, el brazo y la pierna. Debido a la falta de flujo de sangre a los pies, también había sufrido lesiones en los tejidos profundos.

No obstante, los terapeutas y enfermeros trabajaron con él todos los días y fue progresando dándonos las esperanzas de una recuperación. Ahora, casi un año después, ha vuelto a adquirir casi todo el movimiento completo.

Aunque difícil, esta experiencia le ha dado a mi padre otra oportunidad en la vida. Antes de que se enfermara, se mostraba desconectado y aislado de sus seres queridos. Pero hoy vive conmigo y mi familia.

Aunque no podrá regresar nunca a su trabajo ni a su vida diaria habitual, este ha sido un camino de humildad que ha cambiado la vida para todos nosotros. Mi padre cree que Dios estuvo con él y le permitió otra oportunidad para volverse a conectar con su familia. Dice que su fortaleza y optimismo vienen del Señor y se siente tan agradecido por el Dr. Rafael y todos los que lo cuidaron durante este camino.

Jesus and Dr. Rafael

Esta historia la brindó Griselda Miramontes, hija de Jesús Miramontes, paciente del Baylor Scott and White Health.