Una radiografía del esqueleto se utiliza para detectar fracturas, tumores o condiciones óseas degenerativas.
Análisis esquelético
El examen lo realiza un técnico en rayos X en la sala de radiología del hospital o en el consultorio del médico. Para llevar a cabo este procedimiento, se ubica el hueso al que se le van a tomar las radiografías sobre una mesa o el paciente puede permanecer de pie en diferentes posiciones dependiendo de las radiografías que se le vayan a tomar. Luego se toman las imágenes, cambiando el hueso de posición para obtener diferentes planos.
Normalmente, una radiografía se centra en un área particular de interés, pero en el caso de un análisis esquelético, se le toman radiografías a todas las áreas.
La persona le debe informar al médico si está embarazada y tiene que quitarse todas las joyas.
Las radiografías por sí solas no ocasionan dolor; sin embargo, el cambio de posición para las diferentes tomas puede ser molesto. Si se va a evaluar todo el cuerpo, el examen dura generalmente una hora o más.
Un análisis esquelético con rayos X se utiliza para detectar fracturas, metástasis (cáncer que se ha diseminado a otras áreas del cuerpo), osteomielitis, después de un trauma (como un accidente automovilístico) o en afecciones degenerativas del hueso. A menudo se utiliza en niños cuando hay sospecha de haber sido maltratados.