Es un anticuerpo que se adhiere a una sustancia en el cuerpo llamada inmunoglobulina G (IgG), formando una molécula conocida como un complejo inmunitario. Este complejo inmunitario puede activar diferentes tipos de procesos relacionados con inflamación en el cuerpo.
Este artículo aborda el examen para detectar y medir el nivel del factor reumatoideo en la sangre.
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La sangre se extrae de una vena, usualmente de la parte interior del codo o del dorso de la mano. El sitio de punción se limpia con un antiséptico. El médico coloca una banda elástica alrededor de la parte superior del brazo con el fin de aplicar presión en el área y hacer que la vena se llene de sangre.
Luego, el médico introduce suavemente una aguja en la vena y recoge la sangre en un frasco hermético o en un tubo adherido a la aguja. La banda elástica se retira del brazo.
Una vez que se ha recogido la muestra de sangre, se retira la aguja y se cubre el sitio de punción para detener cualquier sangrado.
En bebés o en niños pequeños, se puede utilizar un instrumento puntiagudo llamado lanceta para punzar la piel y hacerla sangrar. La sangre se recoge en un tubo pequeño de vidrio llamado pipeta, en un portaobjetos o en una tira reactiva. Finalmente, se puede colocar un vendaje sobre el área si hay algún sangrado.
Generalmente, no se requiere ninguna preparación especial.
Cuando se inserta la aguja para extraer la sangre, algunas personas sienten un dolor moderado, mientras que otras sólo sienten un pinchazo o sensación de picadura. Después, puede haber una sensación pulsátil.
Este examen se usa con mayor frecuencia para el diagnóstico de la artritis reumatoidea. Cerca del 80% de los pacientes con este tipo de artritis tienen exámenes del factor reumatoideo positivos.
También se puede utilizar para descartar o diagnosticar otras afecciones relacionadas con inflamación.